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diumenge, 26 de novembre de 2017

UN AÑO DE EXIT


 
Queremos ser jóvenes pero el tiempo no nos deja, impertérrito avanza y sin darnos apenas cuenta nos regala aniversarios y recuerdos que, aunque los conjuguemos en presente ya son pasado.

La agencia literaria Exit ya cumple su primer año de vida, un tiempo que ha servido para posicionarnos, aprender y abonar el terreno en vistas a un futuro mejor. Empezamos con una pequeña cartera de autores y así seguiremos para poderlos atender personalmente, que ya nos han dado las primeras alegrías en forma de publicaciones. “T’estaré esperant” de Aina Li en Fansbooks, editor de literatura juvenil catalana del Grupo edicions 62, y “El caso de la gallina ponedora”, de Rosa Grau, en Espasa (Grupo Planeta). Una solemne forma de celebrar nuestro primer aniversario.


 

Pero Exit no es simplemente una agencia literaria, Exit la forman tres grandes bloques: la susodicha agencia, Exitbooks y la escuela de novela Exit.

Exitbooks es una editorial digital de autoedición al servicio de todo autor que opte por la autopublicación, ofrece desde posicionamiento en Amazon, promoción, diseño de portadas y, lógicamente, la publicación. En su primer año ya cuenta con un catálogo de seis títulos algunos de los cuales se han posicionado en el top10 Amazon de su categoría durante semanas, como “Guselmo” de José María Carrasco y una extensa librería con los ebooks más exitosos del momento siendo reconocida por el mismo Amazon, que ha incluido nuestros títulos en sus promociones de kindleflash, sin duda otro gran logro de nuestro primer año.

Y ya para acabar, la escuela que dirijo personalmente, y que es el paso previo a la selección de los autores y obras que posteriormente represento, me ha servido para crecer personalmente, hacer amigos y descubrir talentos que, con un poco de ayuda, pronto estarán llamando a las puertas de las grandes editoriales.

Por todo ello quiero dar las gracias a todos los que habéis hecho posible este Exitoso primer aniversario con la ilusión de seguir aprendiendo, creciendo, y añadiendo capítulos a esta gran novela que escribimos entre todos.

 

  

diumenge, 25 de juny de 2017

¡QUIERO UNA HISTORIA!









 


En cursos y talleres de novelas de estos que se ofrecen hasta en los tenderetes de ferias, hay algo que tal vez por obvio se suele dejar de lado, algo que todos mis alumnos que han pasado antes por otras experiencias didácticas les sorprende. No siempre positivamente. Os voy a contar el caso de una alumna que me dijo (hace muy poco), que ella no pagaba por hacer el payaso, que lo que quería era aprender la técnica de escribir, los recursos… ¿cómo lo dijo? Sintacticogramaticales o algo que sonaba de manera parecida, y que se sentía engañada con mi método.


Yo, sin perder los nervios (y eso que últimamente suelo perderlos), le contesté que mucha gente, muchísima, sabe escribir, pero que muy pocos tienen una historia y aun son menos los que, teniéndola, saben contarla. Que eso era lo que íbamos a trabajar juntos, su historia, mostrarle un nuevo enfoque, abrir nuevas puertas y ventanas, y reorganizar el espacio para que su trama se reforzara tras cada página.


Ella, seria, iba haciendo que no con la cabeza y la mirada gacha (la conexión era por Skype), rostro imperturbable como el que regatea en un mercado persa. Entonces fue cuando le dije y espero que no se me enfade si me lee (seguro que me está leyendo), que escribía muy bien, que pocos recursos sintacticonosequé necesitaba aprender ni conmigo ni en ningún lado, pero que solo escribiendo bien nunca iba a publicar sin rascarse el bolsillo y recurrir a la autopublicación..


Me miró aturdida, asombrada, molesta, y entonces me hizo la pregunta, eso que ella se guardaba como un as en la manga para derrotarme, que cuales eran mis estudios, mis títulos, mi carrera. Lo dijo mirándome cómo mira uno de los contrincantes en un duelo al otro cuando éste ya ha bajado su guardia, con soberbia, orgulloso, vencedor, (sí, así me miraste), y su brillo de ojos aumentó hasta casi deslumbrarme cuando le confesé eso que, ella que seguramente me había investigado por Google, ya sabía, que nada, que no tenía ningún estudio, ni título, ni carrera, y fue entonces cuando me remató que cómo pretendía enseñarle a escribir yo a ella con carrera y doctorado y que, si tenía decencia que le devolviera el dinero y dejara de embaucarla. Textual.

No reaccioné, no por herido, ya que dejar los estudios a los dieciséis años no es nada que me hiera, sino por inesperado. Desconocía que me habían retado a duelo, yo solo pretendía acompañarla en el maravilloso mundo de escribir una novela, de inventar, tramar y contar una historia, eso con lo que me gano la vida desde hace más de diez años y treinta títulos publicados. Simplemente le dije que de acuerdo, que no se preocupara que sin falta le retornaría hasta el último céntimo y ya no hubo tiempo para replicarle nada, (tampoco había nada que replicarle), simplemente me hubiera encantado darle un consejo, que no es mío, sino de Rainer Maria Rilke, que solo se puede escribir desde la necesidad de hacerlo, si sientes la necesidad de contar algo y que ese algo, irremediablemente, debe de nacer de tu interior, crearlo, que de poco o de nada servirán todos los recursos sintacticonosequé del mundo sin una historia que desees y necesites contar.     


 


 


 





diumenge, 26 de març de 2017

PREMIO EXIT DE NOVELA BREVE














Cerrado el plazo de admisión del primer premio de novela breve Exit, ha llegado el momento más complicado: seleccionar los finalistas. Cinco originales, sólo cinco, de entre los ciento noventa y ocho ejemplares recibidos optarán a alzarse con el triunfo. Realizar los descartes ha sido una de las labores más difíciles que he cometido en mi vida.
  


De entrada, deseo destacar que la participación nos ha sorprendido, incluso sobrepasado. Sinceramente, mi previsión se situaba en torno a las cincuenta novelas siendo optimista, pero si algo me ha sorprendido aún más ha sido la calidad de éstas. A menudo, cuando comento con alguien acerca del nivel de escritura de mis alumnos en la escuela Exit, comento que gente que escriba bien, incluso muy bien, hay mucha, y que el hecho diferencial reside en la creatividad en el momento de inventarse una historia y en la capacidad de saber conducir su trama de inicio a final.


Por ese motivo he ido derivando mi escuela más a un coaching creativo que a un simple taller literario, de esos que abundan, donde enseñan esas técnicas de escritura que, de manera instintiva, ya pone en práctica cualquier amante de la literatura por el simple hecho de ser lector.


Eso mismo he palpado en el certamen, poquísimas han sido las novelas descartadas en la lectura de una primera página y la inmensa mayoría las que ha sido necesario entrar a estudiar y valorar sus tramas. La buena capacidad de expresión por escrito, la elegancia y la cadencia en el uso de las palabras ha sido una constante en las obras presentadas al premio y, como observo en mis alumnos, las historias, las tramas, la originalidad, el ritmo y el estilo aquello que ha marcado la diferencia.

Encaramos pues la recta final con la ilusión y el nerviosismo de conocer al ganador (imaginamos que los participantes aún más), y con el deseo y el compromiso de consolidar el certamen y de hacerlo, año tras año, un poquito mejor.

 

 

divendres, 6 de gener de 2017

COMO NO PRESENTARSE A UN AGENTE LITERARIO





 


Recién cumplido el primer mes de vida de la agencia literaria Exit, atesoro ya un sinfín de anécdotas a través de la lluvia de e-mails que recibimos y, sobretodo, en las formas usadas por los candidatos para presentar sus propuestas.


Resulta bastante increíble que quien pretende vender su faceta como escritor presente su carta con un “Hola, muy buenas” o un “Hola, que pasa”, en éste último caso añadir un tío ya sería la repanocha, pero lo haría más divertido. También me he encontrado un “Hola, he escrito una novela” y un “Hola, quiero vender mi libro” Lógicamente, y de esto me quejo, sin ninguna presentación hasta llegar a la firma, que por ejemplo un “Hola, he escrito una novela, me llamo Gilberto Gutiérrez y desde pequeño me gusta escribir, bla, bla, bla, sin ser lo idóneo entraría dentro de lo tolerable… En el otro caso, el “Hola, quiero vender mi libro” aun añadiendo me llamo Gilberto Gutiérrez, tampoco arreglaría mucho, la verdad, el imperativo de la primera frase ya baña hasta el final de cierta antipatía al personaje.


Pero de un extremo al otro, del que se presenta como si saludara a la peña antes del botellón, al que te suelta el rollo de su argumento y currículum sin una simple salutación.  Imagínense ustedes que reciben un e-mail, lo abren y leen así de entrada: “Ambientada en la revolución francesa mi novela habla de Jaqueline, criada de, etc, etc, etc…” Hasta llenar más de una página de texto con el argumento, otra para convencerte que la obra es buenísima y otra con su currículum donde por fin descubres quien te está hablando.


Mensajes con el cuerpo del texto vacío y archivos adjuntos tengo unos cuantos, también. Te has de entretener en ir abriéndolos para saber quién te escribe y por qué. Que digo yo que, si lo tuyo es escribir, no sé, unas palabras de presentación, además de por pura educación por mera inteligencia de seducir a tu interlocutor, ¿no? Hablamos de literatura y escribir un: “Hola, buenos días, mi nombre es Gilberto Gutiérrez y me he tomado la libertad de ponerme en contacto con ustedes para…” ¡Vamos, no cuesta tanto, Gilberto!




Claro que, casi se agradece el silencio cuando lo comparamos con las amenazas, porque sí, también recibimos amenazas, os lo juro, mensajes al estilo de: “…no podría comprender que no os interesara mi libro” “si son buenos agentes no dejarán pasar esta oportunidad” etc, etc, etc, que suenan como firmados por el mismo Pablo Escobar a la voz de: novela o plomo.


Y luego están los enamorados de su obra, que todos los que la han leído se han sorprendido, emocionado, llorado, reído, que nunca han leído nada igual, le han dicho y, sin el tinte de amenaza del anterior bloque, sí que pretenden inducir tu opinión con un “seguro que le encantará cuando la lea”.


 


Evidentemente, las sugerencias a través del conducto formal correcto son mayoría y curiosamente (modo irónico: on), coinciden con las obras y autores interesantes y me regalan una valiosa lección para ir aprendiendo bajo que formato se esconden los tesoros que deseo desenterrar.


 


Felices reyes y no olviden portarse bien de cara al próximo año.


 


 


 


 

dissabte, 26 de novembre de 2016

TE REGALO MI LIBRO A CAMBIO DE UN LIKE




 

¿Os imagináis un Sant Jordi con todos sus tenderetes adornados, sus jarras con rosas en el centro de las mesas, las colas de los lectores ante los escritores más reconocidos, otros ojeando las inacabables ofertas bajo la atenta mirada de los autores sin nombre y juntos a estos, y al lado de una torre de libros desafiando la ley de la gravedad, una leyenda que diga: “compra mi libro a 0’99 euros” en una auténtica vorágine para conseguir salir en las listas de los más vendidos de la diada?

Más o menos en eso se ha convertido Amazon, la plataforma más importante en el negocio de la venta del libro electrónico, un todo se vale para favorecer las cuentas financieras del gigante y el ego de los autores que de ninguna otra forma lograrían publicar.

Obras sin chicha ni limoná, mal escritas, sin editar, un garabato por portada, faltas, tanto da, el uno vende su espacio, él otro alardea de publicación, la simbiosis perfecta donde el: cómprame mi libro o el: te lo regalo, suena como una canción a la desesperación. Llamadas y campañas entre amigos y familiares en un afán de petar las descargas, no vender sino figurar, no abrirse paso gracias a tramas y personajes sino por influencias en la red social, salir en esas dichosas listas de más descargados, cinco estrellas Amazon a la carta, Pepi ponme las cinco estrellas, dame un like, comparte, es gratis, la novela, su historia, sus personajes, su estructura, sus giros dramáticos, eso, todo eso da igual si me descargas y me puntúas las cinco estrellas.




Amazon, con buen criterio y dándose cuenta a tiempo del narcisista uso de la regla de los más vendidos acotó el terreno entre libros gratuitos y de pago pero como pasa siempre, hecha la ley, hecha la trampa: ahí van los feriantes a grito pelado, “  ¡a 0’99 mi libro que me lo quitan de las manos!” con el afán de salir en una de esas listas y coleccionar estrellas de oro.

Y claro, yo, como autor profesional que vivo de mis libros y exclusivamente de mis libros, sin ser un top ventas ni un autor de fama mundial, un autor que me debo a unos cuantos miles de lectores, que sin duda me encontraran el día que decida colgar una novela, ¿cómo diantres conseguiré nuevos adeptos en medio de ese inmenso océano del todo se vale? ¿Y el escritor con talento y una buena historia pero que no ha conseguido publicar jamás ya que saturados de originales las editoriales han cerrado sus puertas? ¿cómo se lo hará él? ¿cómo conseguirá asaltar más allá de sus amigos y conocidos para presentar su buena obra como carta de recomendación?
Pues la respuesta a tales preguntas, y esta reflexión motivo de mi blocada, han zarandeado mi mundo, poniéndolo patas arriba creando una nueva ilusión, casi obsesión: la creación de un sello editorial digital que cuide no solo la edición de la novela, que trabaje una portada atractiva, que dirija y acompañe al joven talento en su creación, que seleccione los obras por calidad y rigor comercial,  sin olvidar ni lo uno ni lo otro, que una vez en la nube, éstas tengan una buena promoción a través de… bueno, esto, como la fórmula de la coca cola es un secreto que me voy a guardar, un secreto que conseguirá que las novelas lleguen a muchos más potenciales clientes que dejándola a solas en ese inmenso desierto de nombre Amazon y que las estrellas, esas que muchos suplican, se conviertan en lectores que aplaudan la creación.

diumenge, 6 de novembre de 2016

PERDIDO




 

El otro día me desorienté por la montaña, no me había pasado nunca. Fueron tres veces el mismo día andando por un monte que llevo unos meses pateándolo. La primera, mi compañero de caminata sugirió ir en dirección al coche y yo, mofándome, le dije que si tiraba hacía dónde me indicaba con un dedo por mucho que anduviera nunca lo íbamos a encontrar ya que iríamos en dirección contraria. Él me miro perplejo, sonrío, pensaba que bromeaba y cuando se dio cuenta de que no, insistió que era yo quien estaba errado. Convencido que yo tenía la razón, casi para reírme de él en toda la cara (de buen rollo, eso sí, les hablo de mi mejor amigo) contesté que, de acuerdo, que a ver si encontrábamos el coche siguiendo su camino.

Cuando tras coronar una loma vi brillar la pintura de mi auto un sofoco me invadió. Él se dio cuenta y le quiso quitar importancia, que habíamos salido con niebla, que los olivares son todos iguales, que estaría distraído en mis cosas, etcétera, etcétera... Mi amigo y yo hacemos la mili de la vida juntos des de que tenemos sentido de la razón y si a él le duele una muela me duele a mí también.

Dos veces más volvió a suceder lo mismo. La siguiente él estaba ahí para guiarme, pero la tercera, ya aterrado al darme cuenta que mi campo había cambiado las formas y que jugaba a escondérseme, un súbito pánico se apoderó de mí. Nos habíamos alejado y me encontraba completamente solo entre sierras, caminos, olivos y esparteras que carecían de identidad. Mi monte me había cambiado la cara y yo, como el náufrago sin rumbo me dejé llevar sin saber a dónde y me perdí en medio de una laguna sin nadie que guiara mis pasos.



Cuando por fin llegué a mi destino hora y media después, más por chamba que por orientación, reflexioné sobre lo ocurrido y lo atribuí al miedo. Me había despistado por la mañana y al hacerlo había perdido esa seguridad que había cosechado a lo largo de toda una vida de montear. Unos minutos me bastaron para teñir de negro ese vestido blanco que había elaborado año tras año, paso a paso, unos minutos bastaron para que venciera la inseguridad y eso me hizo reflexionar sobre las múltiples aventuras que emprendemos en la vida que, sin valor, sin guías y, sobretodo sin amigos es más que difícil que uno solo consiga coronar.

 


 

diumenge, 23 d’octubre de 2016

RARAMENTE UN AUTOR PUEDE VIVIR DE SUS OBRAS




 

La primera vez que me vi cara a cara con una editora fue en Cruïlla, el sello catalán de SM. Me acababa de presentar al premio Gran Angular, creo del 1994. Su editora era entonces Gemma Lienas y la impresión que me llevé nunca me ha abandonado.

Pasado un tiempo del fallo del jurado llamé a la editorial para recuperar los originales y poderlos llevar a otro concurso (el coste de impresiones y encuadernaciones era algo que entonces agravaba demasiado mi débil economía, bueno, como ahora). Cuando le comuniqué mi intención a la secretaria, un silencio seguido de murmullos anticipó que me iba a pasar a Gemma Lienas. Mi corazón me dio un brinco: ¿con la Lienas? ¿De verdad? ¿No era una broma? Se puso y, amablemente, con dulzura, con ese tono de voz al que las personas sensibles que rompen sueños se habitúan, me comunicó que mi obra no había ganado pero que el jurado la había valorado mucho y que corrigiendo algunas cosillas se podía publicar. Me citó en su despacho y ese día empecé primero a volar, después a abrir los ojos a la realidad: “rara vez un autor puede vivir de sus obras” me dijo cuando yo le comuniqué que quería ser escritor profesional y vivir de mis libros, que no era justo ni normal que si yo producía una materia primera capaz de mantener económicamente a un sector de tanta importancia como el del libro, que parecía una broma de mal gusto que quién produce el primer producto tenga, a la vez, que ser profesor, fontanero o abogado. “Las editoriales subsisten gracias al conjunto de unas obras, no gracias a ellas individualmente…” Yo salí de esa reunión con un contraste de sensaciones. De un lado la felicidad de que gracias a mi obra una reputada editora fuera capaz de concentrarme e interesarse por mi obra, por el otro con la furiosa intención y descaro de no hacerle caso y vivir de mis libros.



 



Hoy, 23 de octubre del 2016, veintidós años después, pese a la incontinencia de las editoriales a publicar título tras título, pese a la incontinencia de profesores, abogados y fontaneros a escribir libro tras otro, pese a la incontinencia de saciar Amazon con obras autopublicadas y regalarlas para así poder sumar alguna venta, pese o gracias a todo esto, puedo presumir y decir que mi nombre está entre esos que me citó Gemma Lienas veintidós años atrás, esos que raramente pueden vivir de sus obras.