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dissabte, 20 d’octubre de 2018

LA ERA POST-OLIVETTI


 

 Yo empecé a escribir en la era post-Olivetti. Algunos empezábamos a usar procesadores de textos en vetustas computadoras, parecidas a esas que usaban en la nave Enterprise, y acabábamos de dar el retiro a la máquina de escribir de siempre y al papel de calca. Internet aún era ciencia-ficción.

Hacía poco que había contraído matrimonio y no encontraba mi sitio en el mundo laboral. Hablando claro, necesitaba dinero y los concursos literarios me brindaron la oportunidad. Lo intenté, de entrada, con el premio de novela Gran Angular; aquel año, 1995, ganó la obra “Les joies de la Princesa Belver” de Montserrat Beltran y mi novela “Joc de Dames” fue finalista. Gemma Lienas, la editora, me llamó para comunicarme que la quería publicar, y aunque la cosa se truncó por la imposibilidad de que una editorial con vínculos religiosos publicara un novela juvenil que tenía a tres lesbianas por protagonistas, me di cuenta gracias a eso de que la puerta estaba abierta y solo hacía falta empujar.

Entendí muy pronto que, bajando un poco las pretensiones de los premios a los que optaba, ganarlos y publicar no resultaba tan complicado. De esta forma coseché de manera consecutiva dos premios de novela “Vila d’Ascó”, el del 1996 y el del 1997, “El Sant Just” del 1998 y un segundo lugar en el “Enric Valor” del 1996. Sin mencionar los múltiples premios de relato breve que iba confeccionando. Esto me llevó a mis primeras publicaciones, más tarde a un terrible desengaño que desencadenó con una racha de siete años sin escribir ni una sola palabra.

Pero no he abierto este post para repasar mis batallitas, éstas simplemente son el vehículo para llegar a la era post-olivetti de la que quiero hablar. Actualmente, como ya sabéis, una de mis principales ocupaciones, de hecho, la que más, es la de asesorar a jóvenes talentos acompañándolos en la creación de sus primeras novelas. Eso que nos gusta llamar “coaching” porque dicho así, mola más.

Entre mis alumnos, lógicamente, hay de todo, pero puedo contar con los dedos de una mano sin que me sobre ninguno, aquellos que han creado novelas que, de habérmelas encontrado en esos certámenes que yo ganaba a mediados de los noventa me hubieran dejado sin ninguna posibilidad.
 
 

¿Qué es lo que ha cambiado? Sin lugar a duda la tecnología y la comunicación. No es lo mismo usar la Olivetti que el Word, no es lo mismo tenerse que subscribir a una revista literaria para recibir en tu buzón las convocatorias de premios literarios, que enterarte en Google mientras vas en metro hacía tu casa. No es lo mismo que una persona sueñe en convertirse escritor a que lo hagan cien a la vez. De esta manera, agentes literarios como el que escribe, editoriales y premios, recibimos tal cantidad de manuscritos que sobresalir entre ellos es más que complicado y, por ende, publicar. No es solo cosa de escribir bien; la construcción de la historia adquiere un papel determinante, sus giros, su trama, su misterio, su tensión argumental, su originalidad, la idea… Esa idea brillante que reluzca por encima de las demás y, por encima de todo, no dejarse derrotar ni culpar al infortunio, a los premios corruptos (que los hay), a manías persecutorias y a conspiraciones francmasónicas.

La primera vez que gané un premio, el “Vila d’Ascó del 1996”, creo recordar que fueron una docena de originales los que nos presentamos, algunos de ellos seguramente escritos a máquina, fotocopiados y encuadernados a mano. ¿Sabéis lo que era escribir a máquina? ¿Qué por cambiar una frase, una palabra o una simple coma tenerlo que mecanografiar todo de nuevo bajo pena de quedar como un guarro abusando del typex? Puede que ni sepáis lo que era el typex.  

Hoy hay un Word en cada casa que prácticamente te deja el libro corregido y editado y un correo electrónico donde adjuntar un documento sin necesidad de gastar fortunas en copias, encuadernaciones y mensajeros. ¿Hubiera tenido alguna posibilidad esa mi primera novela en la era digital? Ninguna, cero.

¡Qué suerte que esté completamente descatalogada y nadie tenga la oportunidad de leerla!

Y ahí quiero yo llegar, si las marcas olímpicas se disparan en lugar de abandonar hay que entrenar más y mejor, usar nuevos métodos y esforzarse para entrar en los mínimos. De nada sirve recordar que veinte años atrás con un minuto más de crono te ibas al mundial de natación. Yo me he adaptado para competir en premios literarios con cien o doscientos manuscritos más, e intentar publicaciones entre cien o doscientos manuscritos más y, aún los gano, y aún publico.

Y mi método, también es tu método, porque si hay una cosa que me gusta más que escribir, es enseñar.   

 

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